Werwolf, ¿el ejército durmiente de Hitler?

Goebbels con un miembro de las Juventudes Hitlerianas tras otorgarle la Cruz de Hierro. (Fuente: Wikimedia).

Hace 70 años las armas callaban en Europa. Se oficializaba el final de la Segunda Guerra Mundial. La derrota del Tercer Reich estaba clara desde 1944, en especial con el desembarco de Normandía y sobre todo con la operación Bagration. El punto culminante fue la apocalíptica batalla de Berlín. Pese al deseo de Hitler de una resistencia a muerte, algunos miembros del Tercer Reich pensaban en el después de la ocupación de los Aliados y prepararon un ejército guerrillero para la resistencia con el nombre clave Werwolf.

En un principio, el objetivo de Werwolf era realizar acciones de guerrilla tras las líneas enemigas a medida que avanzaban sobre Alemania. Luego a medida que los Aliados iban arrollando, los nazis tenían esperanzas de provocar un alzamiento popular contra la ocupación, y evitar momentos tan humillantes como los que se habían vivido al acabar la Primera Guerra Mundial.

Otto Skorzeny en Febrero de 1945 en Pomerania. (Fuente: Wikimedia).

El nombre de Werwolf provenía de una novela de principios del siglo XX, ambientada en la revuelta de campesinos alemanes contra los abusos de los soldados durante la Guerra de los Treinta Años. El autor, Hermann Löns, era muy admirado por los nazis por su nacionalismo extremo.

En un principio la organización guerrillera estaba bajo mando de las SS, con el teniente general Hans Prützmann al frente. Aunque tal y como nos explica Antony Beevor en su clásico Berlín. La caída: 1945, las facciones rivales dentro del régimen nazi competían por su control.

Símbolo de la Werwolf. (Fuente Wikimedia).

Buena parte de los miembros de la Werwolf provenían de las Juventudes Hitlerianas. Debían operar en grupos de entre tres y seis personas. No eran plenamente autónomos, en un principio dependían de los mandos militares lo que les acabaría restando la iniciativa que deben tener los grupos irregulares para operar en entornos donde el enemigo tiene una presencia superior. Vamos, algo alejado de la mentalidad marcial prusiana. Tampoco pudieron recibir una instrucción adecuada en este tipo de guerra.

Todos estos factores hicieron que la Werwolf no pudiera ser un auténtico ejército nazi en la sombra. Beevor cita una fuente anónima berlinesa: “Los alemanes no somos una nación de guerrilleros. Seguimos a un dirigente capaz de dar órdenes”. Aún y así, el mito de la resistencia nazi tras el final de la Segunda Guerra Mundial se ha mantenido mucho tiempo, con algunos historiadores como Perry Bidiscombe como firmes defensores de esta teoría.

Yo soy más de la tesis de Beevor. La resistencia nazi no pudo cuajar. Por un lado, muchos mandos del régimen dieron la causa por perdida. A mediados de abril, Himmler ordenó que las actividades de la Werwolf se limitaran a la pura propaganda, aunque Goebbels seguía ordenando acciones de resistencia desde la emisora de la organización que él controlaba. Toda una muestra del caos que vivía el Tercer Reich al final.

Miembros del Volkssturm, milicia que el Tercer Reich movilizó al final de la guerra. (Fuente: Wikimedia).

Oficiales nazis que hubiesen podido organizar una resistencia como Otto Skorzeny tampoco estaban por la labor (de hecho, se entregó a los norteamericanos). Pero como os digo el mito pervivió, y a los Werwolf les atribuyeron acciones importantes como el asesinato del oficial al mando de la 3ª División Acorada de EEUU (en realidad murió en combate), el de Nikolai Berzarin, comandante soviético en Berlín (que falleció en un accidente de moto), o algunos atentados con bomba contra cuarteles aliados (luego fueron accidentes con explosivos).

Según Beevor, os Werwolf no logró gran cosa salvo el asesinato de los alcaldes de Aachen y Krakenhagen e intimidaron a los civiles con pintadas como “Traidor, ve con ojo, la Werwolf te observa”.

Pero buena parte del mito de la Werwolf fue alimentado por los propios Aliados. Había ese temor desde el desembarco de Normandía. Luego a medida que avanzaban por Alemania y consolidaban la ocupación se utilizó para justificar alguna política represiva, en especial por parte de franceses y soviéticos que eran los más vengativos.

El caso del Werwolf se comparó con el del origen de la resistencia en Irak contra los norteamericanos. Aunque sería un tema para un post propio, en 2003 sí que sobrevivió una estructura del régimen más dispuesta a resistir a la ocupación, y con un contexto de diferencias religiosas muy diferentes al de Alemania en mayo de 1945.

 

 

 

 

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