Mitridates VI de Ponto, el rey del veneno

Busto de Mitridates VI en el Museo del Louvre. (Fuente: Wikimedia).

Hoy vamos a descansar un poco de la Segunda Guerra Mundial, ya que este año entre películas y aniversarios os he dado mucho la tabarra. Vuelvo a la Antigüedad que por lo que veo, también os gusta. Así que os voy a dar una ración de Mitridates VI, rey del Ponto. Ya os hablé de él en el post sobre los enemigos más temidos por Roma.

Se trata de uno de mis personajes favoritos de la Antigüedad. Es pura contradicción (por eso es atractivo). Con aires de loco soñador para recuperar el esplendor del helenismo, con valor para resistir ante Roma, pero también con crueldad. Los antihéroes molan mucho, que le vamos a hacer.

Este rey proclamaba ser un descendiente de Antípatro, regente de Alejandro y de los antiguos reyes persas como Ciro el Grande y Darío el Grande. Como apuntaba antes, deseaba resucitar el sueño de un imperio que combinara la cultura griega y persa. Para culminar este sueño, sabía que tenía que luchar contra Roma, lo que le llevó a librar tres conflictos contra la República en esos años (las guerras mitridáticas en las décadas 80-60 del siglo I a.C.).

El citado libro de Adrienne Mayor.

Pero además de por este desafío a Roma y por sus sueños de emular a Alejandro Magno, también ha pasado a la Historia por dominar los venenos. Entre los monarcas orientales había el temor a morir asesinados, y en especial emponzoñados. Su padre murió así, y luego tuvo que hacer frente a los intentos de su madre (que había quedado como regente) para asesinarlo, y favorecer a su hermano pequeño como regente.

Mitridates VI consumía pequeñas cantidades de venenos para hacerse invulnerable. También se hizo famoso en la Antigüedad por una especie de antídoto universal que para muchos coetáneos era la explicación de su vigor y longevidad (llegó a los 71 años). Pero también lo aplicó en la guerra. Las flechas emponzoñadas de sus tropas causaron estragos entre los legionarios, también utilizó miel tóxica que dispuso en la ruta de avance de las tropas romanas para que éstas la consumieran.

Según el libro The Poison King, Mitridates podía tener rasgos de psicótico o de psicópata. Por un lado era un personaje con un gran carisma, manipulador y capaz de ordenar una gran masacre como las Vísperas Asiáticas, donde, y según las fuente de la época, 80.000 romanos e italianos fueron asesinados en Asia Menor, dando lugar a la Primera Guerra Mitridática.

Pero por otro lado y en esos mismos años, reinstauró la democracia en Atenas (que los romanos habían suprimido en el 146 a.C.), hasta que los romanos contraatacaron con uno de sus mejores generales en aquel momento: Lucio Cornelio Sila. De hecho, otra muestra del duro rival que fue Mitridates es que Roma envió a sus militares más capaces. Quien finalmente derrotaría al monarca heleno sería el mismísimo Pompeyo.

El Último Rey (DEBOLSILLO, 2007) es una novel de Michael Curtis Ford sobre Mitridates VI.

Además de su capacidad para movilizar a Asia Menor y a Grecia, Mitridates también se convirtió en un rival formidable porque forjó alianzas con algunos de los enemigos más peligrosos para Roma en ese momento, como eran Espartaco y Quinto Sertorio. De hecho, de este último consiguió asesoramiento, le envió a Marco Mario para que sus tropas pudieran equiparar las tácticas de las legiones.

Los romanos llegaron a comparar a Mitridates con Aníbal de Cartago. Al fin y al cabo, hacia el final de su vida había diseñado un plan de invasión de Italia a través de los Alpes. Fue al final de su vida, cuando Pompeyo ya le había derrotado claramente en la Tercera Guerra Mitridática. El rey se había refugiado en Crimea y preparaba esta gran campaña cuando fue traicionado por su propio hijo Farnaces. Según unas fuentes ingirió veneno, aunque otros dicen que la ponzoña no lo mató y tuvo que ser su guardaespaldas galo, Bituito, quien pusiera fin a su vida.

Mapa de las guerras mitridáticas. (Fuente: Wikimedia).

Con la muerte, Mitridates VI entró en la leyenda. Pompeyo lo enterró con todos los honores de rey, en una muestra de respeto al temible rival que fue para Roma. Durante siglos, diversas obras artísticas han recordado su figura. En la Edad Media se presentaba como un galante caballero que se enfrentaba a la tiranía romana. Personajes como Maquiavelo o Luis XIV quedaron fascinados por su figura. Incluso Mozart con 14 años le dedicó su primera ópera.

Como decía Adrienne Mayor (autora del citado The Poison King) en este artículo de History Today, la apreciación de Mitridates cambió a finales del siglo XIX. Las concepciones orientalistas de los historiadores occidentales hicieron que se presentara como un personaje cruel. Además, aunque en Oriente Medio y en Rusia tienen buena prensa por ser una especia de icono contra el imperialismo de Occidente, en Turquía su figura también está tapada por sus relaciones con Armenia (uno de los aliados de Ponto en aquellos años).

La lucha de Mitridates ha tenido diversas paralelismos actuales. Por ejemplo, las comentadas Vísperas Asiáticas fueron comparadas con el 11-S y Bin Laden en su momento. Pero como siempre es muy peliagudo establecer paralelismos entre épocas tan alejadas. De todas formas, me quedo con alguna de las conclusiones de Adrienne Mayor que resalta como varios historiadores occidentales se han vuelto a acercar a la figura de este monarca lejo de otros perjuicios. Un ejemplo es Luis Ballesteros de la Universidad de Granada.

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