Leyendas y verdades en la búsqueda del reino del Preste Juan

Esta semana toca una de leyendas, así relajo la línea de los últimos posts. Como habréis podido ver en el titular toca ir a buscar al reino del Preste Juan por Asia y África. Este mito tuvo su momento álgido entre los siglos XII y XVII. Hablaba de un mítico rey cristiano, en principio en “las tres Indias” y que podía ayudar a los cristianos a recuperar Tierra Santa. Además, con este post inauguro una serie de mitos que han motivado descubrimientos y exploraciones, y que muchas veces se reflejaron en la cartografía antigua.

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Representación del reino de Preste Juan de las Indias en una carta portulana castellana del siglo XVI. (Fuente: Wikimedia).

Su origen hay que ubicarlo en la supuesta labor predicadora del apóstol Santo Tomás en India y en la presencia en Asia de las comunidades de cristianos nestorianos. Estos elementos fueron fundamentando la creencia que podía existir un reino que adorase a la Cruz más allá de las tierras que controlaban los musulmanes. Como os he dicho, originariamente se situó en la India, aunque en la Edad Media no había un conocimiento muy exacto de la geografía asiática, y hubo varios lugares y personajes candidatos a encajar con esta leyenda.

La leyenda comienza a cobrar forma a mediados del siglo XII. Umberto Eco la sitúa en la crónica de Otón de Freising, obispo de Frising (Baviera) y cronista del Papa Eugenio III (1145-1153), sobre la visita de una embajada armenia, que le habló al Sumo Pontífice del mítico monarca Juan. El escritor Robert Silverberg en su libro The Realm of Prester John sitúa el origen antes, en la supuesta visita a Constantinopla y Roma de un arzobispo (o patriarca, según la fuente) de la India en época del Papa Calixto II (1119-1124), y se presentó como Juan. Evidentemente estos hechos no se han podido constatar, pero en la época, dieron mucho de qué hablar.

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Las fuentes europeas del siglo XIII relacionaron (y en ocasiones confundieron) a Genghis Khan y su imperio con el del Preste Juan. (Fuente: Wikimedia).

Las razones más históricas del nacimiento de este mito hay que buscarlas en la visita del obispo de Jabala, enviado de Raimundo de Antioquía, para pedir ayuda al Papa Eugenio III tras el asedio de Edesa. Estos eventos sí que tienen constatación histórica, y acabaron con el Santo Padre proclamando la Segunda Cruzada.

Al parecer, el obispo de Jabala habría explicado al Papa que había noticias de un personaje que era a la vez rey y sacerdote cristiano, llamado Juan. Habría conquistado Ecbatana (en la actual Irán), y que intentaba avanzar hacia Jerusalén. La historia se popularizó a través del relato que hizo el cronista papal y obispo de Frisinga (Baviera), Otón de Freising, y fascinaba la doble vertiente del personaje de monarca y religioso. Estos hechos bélicos hacían referencia al ataque del janato Kara-Kitai contra Samarcanda en manos de los turcos selyúcidas, que entonces eran la mayor potencia musulmana de la época. Entre los vasallos de los atacantes había nestorianos que habrían dado pie a la creencia de un avance de fuerzas cristianas.

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Representación del Preste Juan como emperador de Etiopía en un mapa portugués que fue un regalo a la reina María de Inglaterra en 1588. (Fuente: Wikimedia).

En 1165 la leyenda vuelve a revivir con la aparición de una carta dirigida al emperador bizantino Manuel I Comnemo. La misiva se reprodujo durante siglo por diversas cortes, y a cada copia se le añadían detalles que dispararon la imaginación y la popularidad del Preste Juan. En estas copias se hablaba de que en ese reino había maravillas como dragones, la Fuente de la Eterna Juventud, objetos mágicos o palacios de cristal y piedras preciosas. Además, el monarca era un gran gobernante.

Se le dio tanta credibilidad a estas misivas que el Papa Alejandro III envió una carta al Preste Juan a través de su médico Felipe, quien partió en búsqueda del legendario señor cristiano de Oriente, pero del que nunca más supimos nada. Estudios modernos han indicado que las copias falsas las realizaron escribas judíos del norte de Italia y del Languedoc.

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Baudolino de Umberto Eco trata de la búsqueda del reino del Preste Juan.

El siguiente impulso a la leyenda del Preste Juan llegó en 1221. Jacques de Vitry, obispo de Acre, volvió del desastre de la Quinta Cruzada (1217-1221) con la noticia de que el rey David de la India, nieto del Preste Juan, había conquistado parte de Persia y avanzaba hacia Bagdad. Nuevamente, los jinetes de las estepas iban a alimentar el mito, ya que en realidad, esas gestas militares eran las de Genghis Khan.

Aunque no hubo problema, el mito se reformuló y el preste Juan pasó a ser uno de los monarcas que se habían enfrentado a los mongoles en sus campañas por Asia, nuevamente hay una base real, y es la figura de Toghrul, khan de los Naiman, padre adoptivo de Genghis Khan y de religión nestoriana.

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La pax mongolica abrió Asia y la Ruta de la Seda a los europeos. (Fuente: Wikiedia).

La pax mongolica abre las puertas del comercio con Asia, y exploradores como Marco Polo, Giovanni da Pian del Carpine, o Guillermo de Rubruk recogen los testimonios de las comunidades nestorianas, quienes conocedoras de la leyenda que circulaba entre los europeos se otorgaban descender del Preste Juan como una muestra de su orgullo de cristianos en tierras paganas. También se incluyeron referencias al personaje en la popular obra Viajes de Juan de Mandeville.

En estos años del siglo XIII, al conocerse un poco mejor esas tierras, hace que el reino del Preste Juan se sitúe en Asia Central. Vale la pena hacer un alto cronlógico para detallar los motivos que alimentaron esta búsqueda. Por un lado, estaba la citada búsqueda de un aliado para luchar contra los musulmanes en Tierra Santa. Proclamar la existencia del Preste Juan era una forma de dar moral a los reinos Cruzados que tenían que resistir las ofensivas musulmanas. Es decir, era una forma de legitimar cualquier expedición de exploración o de expansión (ya fuera en Asia o luego en África).

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El reino del Preste Juan ubicado en Abisinia. (Fuente: Wikimedia).

También la Iglesia Católica utilizaba la figura del Preste Juan para legitimar sus deseos de unificar las congregaciones de cristianos orientales bajo su dominio.

En el siglo XIV el foco de interés por encontrar estos territorios se dirige hacia Etiopía. Este reino cristiano desde el siglo IV había quedado rodeado por tierras musulmanas, y el contacto con Europa se limitaba a una serie de rumores, e informaciones poco precisas de comerciantes. Pero poco a poco el interés va creciendo, y algunas fuentes hablan de la llegada al Viejo Continente de una embajada del emperador etíope Wedem Arad hacia 1306, y que habían dicho que el Preste Juan era el patriarca de su Iglesia.

Ya en el siglo XV, serían los portugueses quienes asumieron la búsqueda del reino del Preste Juan en África. Nuevamente, el mito impulsa las ansias de expansión territorial. En especial destaca la expedición de Pedro de Covilha, enviado por el rey Juan II de Portugal, quien además de buscar este mítico lugar, debía de recabar toda la información posible de cara a una posible ruta a la India.

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Toghrul representado como el Preste Juan en una copia del siglo XV del Libro de las Maravillas de Marco Polo. (Fuente: Wikimedia).

Covilha llegó a Etiopía a finales del siglo XV donde fue recibido por el emperador Eskender, quien no le dejó marchar pero sí que pudo mantener correspondencia con el rey de Portugal. El portugués se refería a estas tierras como el reino del Preste Juan. En 1507 más exploradores portugueses llegaron a Etiopía aprovechando que se habían adueñado de Socotra, y establecieron relaciones diplomáticas más estables. En aquellos años, el emperador de Etiopía pasaría a ser conocido por toda Europa como el Preste Juan, más de un embajador del país africano quedó estupefacto al ver que los identificaba con esta leyenda.

A partir del siglo XVII estudios históricos más serios demostraron que no había relación entre Etiopía y el Preste Juan, y este reino ya pasó totalmente a formar parte de las leyendas. Además de todos los intereses terrenales que movieron su búsqueda, este mítico reino hay que situarlo en la necesidad que siempre ha tenido el ser humano de creer en lugares mejores de los que veía a su alrededor. Si os habéis quedado con ganas de más, le podéis echar un ojo a la novel Baudolino de Umberto Eco.

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