Historia de la Marsellesa, un himno para luchar contra la tiranía

Hoy le dedico el post al himno del que todo el mundo está hablando desde el pasado viernes. Evidentemente, me estoy refiriendo a La Marsellesa y cómo se ha convertido en la muestra más clara del orgullo nacional francés y de la solidaridad internacional tras los atentados de París. Bien, siempre ha sido un motivo de ensalzamiento patriótico, y con una letra muy combativa pero estos días ha surgido ante tales circunstancias.

La verdad que este himno tiene una de las historias más interesantes que conozco. En cierta medida, entiendo este chauvinismo, ya que al fin y al cabo, si quieres una melodía que encarne los ideales de la Revolución Francesa, difícilmente puedes encontrar una mejor. Su letra es combativa, sanguinaria para algunos, pero una canción de este tipo tiene que remover ese tipo de pasiones, sino, es una patochada.

Rouget de Lisle canta por primera vez La Marsellesa. Cuadro de Isidore Pils. (Fuente: Wikimedia).

Pese al nombre, su origen no está en la ciudad de la costa mediterránea, sino en Estrasburgo. El 25 de abril de 1792, las tropas francesas en la frontera del Rin se preparaban para la guerra contra Austria y Prusia. El alcalde de Estrasburgo, Barón de Dietrich, encargó al músico y oficial del ejército, Rouget de Lisle , que compusiera una canción para animar a los soldados ante la que se les venía encima, para la letra se inspiró en un bando de guerra del Barón. Además, el compositor era un monárquico convencido que estuvo a punto de perder la cabeza (al estilo revolucionario) en 1793 y casi muere en la ruina.

Por este motivo, la canción en un principio iba a ser conocida como Canción de guerra para el Ejército del Rin (Chant de guerre pour l’Armée du Rhin), pronto adquirió popularidad entre las tropas. El nombre de Marsellesa le llegaría poco después en mayo cuando fue adoptada por los voluntarios de esa ciudad, y se hizo la melodía por la que eran reconocidos por las calles de París cuando llegaron en el mes de julio de 1792. Estos soldados marselleses estaban entre los que participaron en el asalto a las Tullerías que supondría el derrocamiento de Luis XVI y el establecimiento de la República.

Escultura de los voluntarios de Marsella en el Arco del Triunfo de París. (Fuente: Wikimedia).

Pero La Marsellesa aún tendría otro momentazo en la mística de la Revolución Francesa. Sería en la batalla de Valmy, la primera victoria de los ejércitos revolucionarios contra los invasores prusianos y austriacos. El día que se salvó la Revolución. Presentada como el triunfo de la nación en armas frente a los soldados mercenarios de las monarquías absolutas. Cuando estos se batían en retirada, el general Kellerman cabalgó al frente de las tropas francesas y gritó Vive la Nation, a lo que los soldados respondieron cantando la célebre canción.

Ese día en Valmy, el escritor Goethe presenció la escena desde las filas prusianas y al contemplar la victoria del ejército del pueblo dijo: “en este sitio, y a partir de este día, comienza una nueva era en la historia mundial, y vosotros solo podréis decir que estuvisteis presentes en su nacimiento“.

La batalla de Valmy. Cuadro de Horace Vernet. (Fuente: Wikimedia).

Pese a ese intenso 1792, la Marsellesa aún no sería el himno de Francia. Habría que esperar al 14 de julio de 1795, cuando fue designada “canción nacional”, aunque perdería su estatus con la llegada de Napoleón I al poder en 1799. Luis XVIII y Carlos X la prohibieron, y volvió brevemente con la revolución de julio de 1830, para volver a quedar arrinconada por el Segundo Imperio de Napoleón III.

Más allá de Francia, La Marsellesa se convirtió en el himno de los revolucionarios de toda Europa en el siglo XIX y a principios del XX. Volvería a tener su gran momento de gloria revolucionaria durante la Comuna de París, cuando fue la canción enseña de los sublevados.
Finalmente, la Tercera República Francesa la acabaría asumiendo como himno propio en 1879. Como os decía, se convirtió en un canto por toda Europa para aquellos que luchaban contra el poder establecido. Por ejemplo, era popular entre los bolcheviques rusos y entre los republicanos españoles.

El cine se ha encargado de transmitirnos esta imagen de símbolo contra la tiranía, al interpretarse en escenas memorables como la de Evasión o Victoria y especialmente Casablanca. Con estos credenciales tan revolucionarios, la Marsellesa puede considerarse uno de los himnos más emblemáticos que existen hoy en día, más allá del drama que se haya vivido en las calles de París estos días.

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