La ofensiva de Lago Balatón, el día que Hitler se avergonzó de las SS

Tigesr II de la 1ª División SS Panzer Leibstandarte Adolf Hitler. (Fuente: Wikimedia).

Este año no paramos de conmemorar el 70 aniversario de los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial. Lo hemos recientemente con el recuerdo de la liberación de Auschwitz, y pronto se acerca el recuerdo de eventos como la Batalla final en Berlín o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

El 6 de marzo se conmemora el inicio de la ofensiva del Lago Balatón en Hungría. También conocida como Operación Frühlingserwachen (Despertar de Primavera). El territorio húngaro y en particular Budapest desde la segunda mitad de 1944. Se trata del último esfuerzo ofensivo alemán en la guerra, en especial con sus fuerzas acorazadas de las Waffen SS. Esta consideración normalmente se da a la Batalla de las Ardenas, en una muestra de cómo los anglosajones saben llevarse el gato al agua a la hora de explicar la Historia.

Precisamente, la unidad destinada a ser la punta de lanza en la ofensiva del Lago Balatón era el 6º Ejército Panzer, que también encabezó las operaciones en las Ardenas. También se desplegó el Grupo de Ejércitos E. Las fuerzas alemanas tenían un objetivo doble. En primer lugar, las unidades acorazadas debían empujar al 27º Ejército Soviético hacia el Danubio y retomar Budapest. Mientras que el Grupo de Ejércitos E le daría apoyo para envolver a un buen número de unidades soviéticas.

Plan de ataque alemán. (Fuente: Wikimedia).

Pero los alemanes volvieron a caer en errores semejantes a los que cometieron en Kursk. Los servicios de inteligencia soviéticos había detectado la presencia de grandes formaciones de panzers, por lo que se esperaban una ofensiva, y se prepararon para ello. El Ejército Rojo reforzó las defensas antitanques, preparó zonas para atraer a los alemanes y barrerlos con la artillería, y dispusieron de importantes reservas de sus tanques para contraatacar.

El 6 de marzo comenzó el avance nazi. Pero pronto vieron que no podían avanzar tan rápido como habían previsto ante la eficaz resistencia de los soviéticos. Según el sector, pero, la penetración de los panzers en el frente como mucho llego a ser de 40 kilómetros. Diez días después del inicio de la ofensiva del Lago Balatón, los alemanes estaban agotados, y el Ejército Rojo contraatacó con sus tanques, y en menos de 24 horas ya habían recuperado el terreno que habían cedido.

Pero el Ejército Rojo continuó su avance, persiguiendo a las fuerzas alemanas que tuvieron que replegarse hacia Austria, donde siguieron peleando contra el imparable rodillo comunista hasta el final de la guerra. De hecho, el 6º Ejército Panzer también fue el encargado de preparar la defensa de Viena. En total, los alemanes perdieron a un 10% de las tropas que habían desplegado. Con la retirada de Hungría también perderían buena parte de sus blindados y tanques.

Además, logísticamente la ofensiva de Balatón supuso para el Tercer Reich la pérdida de los pozos de petróleo de Nagykanizsa, los últimos que controlaba. A partir de ahí tuvo que depender completamente de los combustibles sintéticos.

Adolf Hitler pasando revista a miembros de su guardia Leibstandarte en 1935. (Fuente: Wikimedia).

La pobre eficacia de las tropas alemanas enfadó a Adolf Hitler, y en especial se mostró ofuscado con el comportamiento de la unidad que se consideraba su guardia personal: 1ª División Panzer SS Leibstandarte Adolf Hitler. El Führer ordenó que los soldados ya no llevarán los brazaletes con el nombre del líder alemán, y así todos recordarían su cobardía en la batalla.

Este último aspecto ha generado cierta mitología. Aparentemente, Himmler tenía que transmitir esta orden personalmente al general Sepp Dietrich, al mando del 6º Ejército Panzer, pero lo hizo por telegrama. Cuando llegó el texto, Dietrich se negó a transmitir esas órdenes a sus hombres porque la consideraba injusta. Sus tropas apenas habían podido descansar tras las Ardenas y se tuvieron que lanzar contra fuerzas soviéticas más frescas y mejor equipadas.

Josef ‘Sepp’ Dietrich. (Fuente: Wikimedia)

El mito dice que Dietrich sí que devolvió a Hitler el brazalete y sus medallas (aunque parece que se trata de una manera de establecer un paralelismo con lo que hizo un personaje de una obra de Goethe). Siguió dirigiendo a lo que quedaba del 6º Ejército Panzer, cuesta creer que el líder alemán hubiese dejado pasar una insolencia así.

La orden del Führer a esas unidades de las SS de quitarse los brazaletes también tenía un componente más bien simbólico. Tal y como apuntaba Heinz Guderian en sus memorias, muchos soldados ya no los llevaban, para que el camuflaje de sus uniformes no se viera afectado.

En cualquier caso, una parte de las unidades de la Leibstandarte acabaron sus días luchando en Berlín. Dietrich continuó luchando dirigiendo la defensa de Viena hasta su caída el 13 de abril de 1945. Luego escapó de los soviético para acabar rindiéndose a los estadounidenses.

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