Yemen, la otra tumba de los imperios

Países como Vietnam y especialmente Afganistán están en el imaginario colectivo como pequeños países que han causado importantes derrotas militares a los grandes imperios de la Humanidad. Llevamos unos días donde Yemen ha aumentado su presencia en las noticias por la intervención armada que ha liderado Arabia Saudí contra los houthis.

Yemen es un desconocido para el gran público. Pero es un país con un alto valor estratégico, por su situación a la entrada del Mar Rojo y punto de paso hacia o desde el Golfo Pérsico –sólo hay que ver el volumen de tránsito de petroleros por sus costas-. Esta posición ha hecho que este territorio estuviera desde siempre en el punto de mira de los imperios de turno.

El país conjuga una serie de factores que lo hacen comparables con otros irreductibles como los afganos: fuerte componente tribal, orgullo de su pasado histórico, población fuertemente armada (en el podio mundial de armas per capita)… En definitiva, hoy toca hacer un repaso por las potencias que intentaron someter a Yemen y fracasaron.

Ruinas de la antigua ciudad de Marib. (Fuente: Wikimedia).

 1. La invasión romana de la Arabia Felix: así se conocía en la Antigüedad a Yemen, ya que era el territorio más fértil de la Península Arábiga. En la época de los césares, el petróleo no importaba, pero el país era clave para el control de las rutas del comercio de especias, y en especial canela, con la India. Además producía un producto tan apreciado entonces como la mirra.

Yemen era conocido entonces como el reino de Saba (sí, de ahí era la mítica reina). En el año 26 a. C. con Augusto recién instalado en el poder, el prefecto de Egipto, Aelio Galo, lanzó la invasión con 10.000 soldados. El intento fue un rotundo fracaso. Pero como los romanos no estaban acostumbrados a las derrotas, achacaron sus problemas a que su guía nabateo les traicionó y les hizo vagar seis meses por el desierto. Esto desgasto a las tropas que se vieron sometidas a penurias como la falta de agua y una extraña enfermedad.

Los legionarios romanos llegaron exhaustos al asedio de Marib que solo pudieron mantener una semana. Ante este desolador panorama, Aelio Galo optó por la retirada.

La diferenciación que hizo Ptolomeo en la Antigüedad entre Arabia Felix y Arabia Deserta aún se mantuvo mucho tiempo después como en este mapa del siglo XVI. (Fuente: Wikimedia).

2. Los irreductibles yemeníes contra los otomanos: el Imperio Otomano también se fijó en la importancia estratégica de Yemen. Ocuparon el territorio en 1517 cuando derrotaron a los mamelucos egipcios (anteriores dominadores del país). Entre los intereses de los turcos también estaba el control de las rutas de comercio con India, ahora muy amenazadas por la presencia de los portugueses en el Océano Índico desde principios del siglo XVI. Pero también estaba la consolidación del dominio sobre las ciudades santas del Islam: La Meca y Medina.

Los otomanos veían el territorio como un lugar caótico, pero que ellos podría someter fácilmente. Pero este dominio fue puramente nominal. Pronto las tribus del norte del país de confesión zaidí –los antepasados de los houthis- se alzaron en armas liderados por Al-Mutawakkil Yahya Sharaf ad-Din. Los otomanos solo pudieron controlar las zonas de costa y durante la primera mitad del siglo XVI sufrieron enormes bajas.

Los otomanos fueron expulsados en 1636, pero volverían en 1839 tras la anexión británica de Adén. Los turcos temían las influencias de potencias foráneas, pero pese a que las tribus estaban divididas siguieron los problemas para someterlas. No lo consiguieron hasta 1872 cuando consiguieron someter a las regiones montañosas.

Rebeldes yemeníes repeliendo un ataque de blindados egipcios. (Fuente: Wikimedia).

3. La pesadilla para los sueños panarabistas de Nasser: doy un salto hasta los años 60 del siglo XX. Un artículo de Foreign Policy recuperaba esta historia recientemente. En 1962 un grupo de militares dio un golpe de estado en Yemen, derrocaron a la monarquía e instauraron una república y recibieron el apoyo del presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, gran promotor del panarabismo y del socialismo árabe.

Un proceso que habían vivido muchos otros países árabes (como el propio Egipto). Nuevamente, las tribus zaidíes del norte se levantaron en armas contra la nueva república. Nasser se disputaba el liderazgo del mundo árabe con el rey Saud de Arabia Saudita. El líder egipcio vio la oportunidad de erosionar a su rival si ayudaba a la joven república yemení a consolidarse.

Nasser envió tropas para apoyar al nuevo gobierno de Yemen. Lo curioso de aquella situación es que las alianzas cambian completamente si se comparan con el contexto actual. Primero fue una compañía de tropas (unos pocos centenares de hombres); pero la resistencia de los zaidíes obligó a incrementar el contingente hasta los 70.000 soldados en los cinco años siguientes.

Por su parte, Arabia Saudí apoyó a los houthis, y también contaron con la ayuda del Shah de Persia. Las dos grandes monarquías de Oriente Medio veían como un verdadero peligro los sueños panarabistas de Nasser. Miles de soldados egipcios perdieron la vida hasta 1967. El líder de Egipto intentó buscar una salida honrosa a una intervención tan desastrosa, y quiso dirigir la atención mundial hacia el Sinaí en la primavera de aquel año; lo que provocaría al cabo de unos meses la Guerra de los Seis Días con Israel.

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