Los antecesores históricos de Estado Islámico

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Miembros del ISIS en la provincia iraquí del Al-Anbar. (Fuente: Wikimedia).

El pasado 2014 fue el año que vimos la irrupción del ISIS en la escena internacional. De hecho, aquí ya he tratado el tema con anterioridad, y hemos podido leer decenas de análisis hablando de la novedad del este grupo. Sin duda, se diferencia de lo que Al-Qaeda nos tenía acostumbrados desde el 11-S, y se ha producido en un contexto muy específico a la estela de la invasión de Irak y la Primavera Árabe.

Pese a estas especificidades, lo cierto es que diversos imperios en la Historia se han tenido que enfrentar a grupos con un marcado mensaje mesiánico y que han intentado conseguir sus objetivos por medios muy violentos. Como veréis, no son únicamente yihadistas, sino que también he buscado movimientos de diversos credos. Tampoco son los únicos, pero los he considerado los más significativos.

1. La Revuelta de Bar Kojba: los judíos fueron de los pueblos más rebeldes ante el dominio del Imperio Romano. Los zelotes capitalizaron la lucha armada contra el poder de los césares, y protagonizaron una rebelión entre los años 66 y 73 d.C. Aunque el componente religioso era muy fuerte, en esta primera pesó mucho los impuestos tuvieron un peso importante y que acabó con la destrucción del templo de Jerusalén.

Pero la Segunda Guerra Judeo Romana estalló en el 132 d.C. Las circunstancias no están claras, pero parece que pudo estar la fuerte política helenizante del emperador Adriano que molestó a los judíos al querer construir un templo dedicado a Jupiter en Jerusalén sobre las ruinas del antiguo recinto, y tratar de prohibir la circumcisión, por considerarla una práctica bárbara.

La revuelta tuvo éxito en un primer momento. Los rebeldes consiguieron establecer un estado propio independiente que llegó a acuñar moneda, mientras que su discurso estaba marcado de un fuerte componente religioso. Su líder, Simón Bar Kojba, era considerado como el Mesías y anunció la llegada de la redención de todo el pueblo de Israel.

Pero la respuesta romana fue implacable, como solía pasar cuando alguien se le rebelaba. Lanzaron contra los judíos un ejército mayor del que habían enviado 60 años antes, sumando unas 12 legiones (casi 100.000 soldados, según las fuentes); y masacraron entre 200.000 y 400.000 personas.

La lucha fue muy dura, sin cuartel. Los rebeldes utilizaron tácticas de guerrilla (como la lucha en túneles), y llegaron a causar muchas bajas (acabaron con la legión la XXII Deiotariana, y muchos creen que con la IX Hispana). Finalmente, las tropas romanas de Sexto Julio Severo consiguieron cercar a Bar Kojba y sus fieles en Betar. El líder judío murió durante el asalto.

Las consecuencias para la población judía fueron terribles. Además de las decenas de miles de muertos, el resto fueron esclavizados u obligados a exiliarse, en la rebelión del siglo I d.C el exilio lo sufrieron principalmente las élites.

Mehmet Ali con su corte en El Cairo. (Fuente: Wikimedia).

2. Los wahabíes contra los otomanos: si querido lector, el wahabismo no es una cuestión que haya surgido en el siglo XXI, aunque solo nos haya comenzado a sonar desde la irrupción de los talibanes y los atentados del 11-S. Sus orígenes se remontan a la Arabia del siglo XVIII. Es un movimiento religioso fundado por Muhamad ibn Abd al-Wahhab, quien quería volver a la pureza primigenia del Islam tras considerar que había quedado “contaminado” por diversas herejías.

Se alió con Muhamad Bin Saud, líder de la casa Saud, quien necesitaba una doctrina religiosa fuerte para dotar de legitimidad a sus conquistas frente a otras tribus. El resultado de esta unión fue la creación del primer estado saudí en 1744, el emirato de Diriyah. Su objetivo era unificar a las tribus árabes y someterlas a esta interpretación rigorista del Islam.

Bin Saud murió en 1765 y al-Wahhab en 1792, pero sus sucesores continuaron con estas políticas expansionistas que les llevaron a un conflicto con los otomanos, quienes tenían la soberanía sobre la región y en especial las ciudades sagradas para los musulmanes de La Meca y Medina. En 1805, los wahabíes las ocuparon, y también controlaban ya casi todo el tráfico de caravanas en Arabia. Además, habían atacado brutalmente la ciudad de Kerbala (santa para los chiíes) en 1802.

Los otomanos tardaron en reaccionar por problemas en Egipto (con una pugna política entre los propios turcos, los mamelucos y los albaneses), y en 1811 pidieron a Mehmet Ali, gobernador en los territorios egipcios, que se ocupara de los wahabíes.

Ali combinó el uso de la fuerza militar con la diplomacia para conseguir el apoyo de tribus árabes que no eran totalmente leales a los insurrectos. Consiguieron capturar a Abdullah bin Saud, líder de los Saud, y a los líderes religiosos wahabíes. Todos ellos fueron ejecutados y la rebelión derrotada. Pero la relación entre la casa Saud y los wahabíes había quedado sellada y aún sigue hoy en día.

Las tropas de la dinastía Qing asaltan Nanking en manos de los Taiping. (Fuente: Wikimedia).

3. La rebelión Taiping en China: se trató de un movimiento milenarista cristiano que comenzó en el sur del país hacia 1850. Su líder era Hong Xiuquan que aseguraba que en unas visiones había visto a Jesús y le había proclamado que su hermano. Comenzaron un enfrentamiento armado con la dinastía Qing y pronto obtuvieron destacados éxitos.

En el territorio que llegaron a controlar instauraron el Reino Celestial de la Gran Paz, y gobernaron sobre una población de 30 millones de personas. Apostaban por erradicar las creencias más arraigadas en China como el Budismo o el Confucianismo. También defendían un radical igualitarismo social (lo que años después les valió las alabanzas de Mao) y estaban en contra de toda estructura de poder imperial.

Su soldados, conocidos como el Ejército del Amor, se caracterizaban por una férrea disciplina en combate y fueron derrotando a los ejércitos de la dinastía Qing. Pero cometieron el error de atacar Shanghai en 1860, donde las fuerzas que la defendían estaban entrenadas y dirigidas por oficiales occidentales (entre los que destacaban el estadounidense Frederick Townsend Ward, y el británico Charles Gordon quien asumiría el mando del contingente en 1862).

Con Gordon al frente, este contingente lanzó una ofensiva contra los Taiping a la que pronto apoyaron el resto de fuerzas del emperador Xianfeng. Finalmente, cercaron a Hong Xiuquan en Nanjing en 1864, y aseguró que Dios defendería la ciudad. En la ciudad comenzaron a escasear los suministros, y el propio líder de la revuelta tuvo que comer vegetales tóxicos que le causaron la muerte.

El asalto imperial en Nanking dejó casi 300.000 muertos y puso fin a la revuelta. El conflicto fue uno de los más sangrientos de la Historia. Movilizó a más soldados que las Guerras Napoleónicas. Se calcula que murieron entre 20 y 30 millones de personas entre 1850 y 1864. Aún y así quedaron fuerzas de los Taiping resistiendo aisladamente hasta 1871 en regiones fronterizas como Hunan.

Guerreros mahdistas. (Fuente: Wikimedia).

4. El Sudán Mahdista: aunque en principio pueda parecer que se trata de una revuelta colonial clásica en Sudán contra el dominio anglo-egipcio, tiene un componente religioso y mesiánico muy marcado. Mohamed Ahmad ibn as Sayyid Abd Allah se autoproclamó Mahdi a principios de la década de los 80 del siglo XIX.

El Mahdi para los sunitas es una profeta que desciende de la familia del propio Mahoma y que establecerá una sociedad islámica perfecta. Algunos autores lo han comparado con el Juicio Final. En el caso sudanés, Mohamed Ahmad parecía que tenía un carisma arrollador y supo canalizar el descontento entre parte de la población que ya no se beneficiaba del comercio de esclavos que había suprimido el general Charles Gordon.

Como decía, el 29 de junio de 1881 se proclamó Mahdi y anunció la creación de un estado regido por la Sharia (la Mahdiyya). También comenzó a luchar contra las fuerzas egipcias que ocupaban Sudán, y declaró una Yihad que fue cuestionada por algunos ulemas musulmanes. Asimismo, derrotó incluso a algunos contingentes dirigidos por oficiales británicos como en la batalla de El Obeid.

Aunque el punto culminante de su éxito llegó en 1885 cuando sus seguidores asaltaron Jartum, la capital sudanesa. Masacraron a la guarnición egipcia y el propio Gordon fue ejecutado. La ocupación de la ciudad le dio el dominio del país, y pudo instaurar la Sharia. Pero su vocación era llevar su lucha por todo el mundo musulmán.

El Mahdi murió de tifus en 1885, meses después de la captura de Jartum. Su sucesor asumió el título de Califa y continuó con sus planes de extender la Yihad. En la década siguiente atacaron Egipto (donde fueron rechazados por un ejército mejor entrenado que el que se habían encontrado en Sudán), Etiopía y las posesiones italianas en Eritrea.

Finalmente, el gobierno británico entendió que no podía continuar permitiendo la existencia del estado mahdista en Sudán. Además franceses y belgas querían extender su influencia en el Nilo. Así que el Imperio de Su Graciosa Majestad organizó una expedición militar en 1896 al mando de Horatio Herbert Kitchener y que culminaría con la batalla de Omdurmán dos años después que supondría el final de este proyecto islamista.

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