Un sangriento camino a la libertad: la rebelión de esclavos en Haití

Escena de la rebelión de 1791. (Fuente: Wikimedia).

Todos nos hemos emocionado con Espartaco y la épica de su rebelión contra Roma. Aunque finalmente perdiera, se ha llevado toda la fama: novelas, películas, series… Pero hubo otra que resultó triunfante, y que, además de conseguir la supresión de la esclavitud, creó un nuevo estado; estoy hablando de la Revuelta de Haití en 1791 protagonizada por la población negra, llevada allí para trabajar en las plantaciones de azúcar.

Saint-Domingue (como se conocía entonces a Haití) era la colonia más rentable del Imperio Francés, era el principal centro productor mundial de azúcar y café en sus grandes plantaciones donde trabajaban los esclavos traídos de África. Éstos eran mayoría, había unos 452.000 frente a 32.000 blancos, también habían unos 28.000 mulatos y negros liberados.

La batalla de Santo Domingo, cuadro del pintor January Suchodolski. (Fuente: Wikimedia).

Como os podéis imaginar, las condiciones de vida en las plantaciones eran durísimas, y morían más esclavos de los que nacían. Esto provocaban una llegada continua de esclavos africanos que tendían a ser más insumisos que los que ya habían nacido cautivos.

Pero esta próspera pero pequeña isla caribeña se iba a convertir en una prueba de fuego para los ideales de la Revolución Francesa, ya os podéis imaginar que eso de liberté, egalité y fraternité iba a ser una bomba con toda esa población de esclavos.

Batalla de Snake Gully en 1802. (Fuente: Wikimedia).

En un principio, cada grupo social en Haití iba a buscar su beneficio con la Revolución Francesa. Los propietarios blancos vieron una oportunidad de conseguir la independencia y poder gestionar a su antojo los beneficios de las plantaciones. Los mulatos y liberados actuaban como una especie de clase media, muchos tenían formación (normalmente eran hijos de blanco y negra, y los padres normalmente pagaban una educación para calmar un poco sus conciencias), y esperaban que los nuevos aires que venían de la metrópolis, trajeran una igualdad de derechos. Finalmente, los esclavos negros temían los planes de emancipación de los terratenientes, ya que temían que impusiera un régimen de explotación aún más terrible.

A finales de 1790, los mulatos y libertos intensificaron sus demandas, y querían el derecho a voto. Las autoridades de la colonia se negaron, lo que propició una revuelta de éstos primeros, liderada por Vincent Ogé, que fue suprimida en poco tiempo. Aunque de momento, los esclavos no intervinieron.

Toussaint Louverture. (Fuente: Wikimedia).

Sería un año después. En 1791, el Gobierno Revolucionario francés anunció una ley que daba la plena ciudadanía a la gente de color adinerada que había conseguido la libertad. Los blancos se negaron a reconocer estos derechos, y volvieron a producirse enfrentamientos. Esta vez los esclavos decidieron que ya era hora de pasar a la acción.

El estallido de la revuelta tiene todos los elementos que se puede esperar de un drama haitiano. El tiro de salida fue una ceremonia vudú en Bois Caïman. En diez días, los esclavos se hicieron con el control del norte de la colonia. Los años de opresión dieron rienda suelta a las más duras represalias por parte de los africanos, que no se dejaron de matar, violar y saquear en las plantaciones de sus antiguos amos.

La batalla de Vertières. (Fuente: Wikimedia).

Los propietarios blancos no se quedaron de brazos cruzados ya que llevaban tiempo esperando un estallido así. Francia reaccionó con el palo y la zanahoria. Por un lado, envió 6.000 soldados para tratar de instaurar el orden, pero por el otro aprobó la concesión de derechos ciudadanos a todas las personas de color en las colonias (una medida que causó estupor en el resto de Europa y Estados Unidos).

El conflicto poco a poco se convirtió en un todo contra todos. Los propietarios blancos no se fiaban del gobierno revolucionario y buscaron pactar con Gran Bretaña para que se quedara con la colonia, ésta envió tropas que ocuparon el sur y el oeste de la colonia. A su vez, Londres y España ayudaban a los esclavos rebeldes para erosionar el poder francés.

Dibujo satírico de Desalines que lo muestra con la cabeza de una mujer blanca en la mano. (Fuente: Wikimedia).

Ante la posibilidad de perder la colonia, la Convención Nacional francesa bajo el liderazgo de Robespierre decidió abolir la esclavitud en todas sus posesiones. Los esclavos pasaron a colaborar con las tropas francesas para expulsar a españoles y británicos. Hasta entonces, la rebelión había provocado la muerte de entre 200.000 y 350.000 haitianos y entre 50.000 y 100.000 blancos, principalmente soldados europeos.

Pese a que el principal conflicto se calmó, las tensiones siguieron, y en especial entre los negros y los mulatos, estos últimos recelaban de la influencia de los primeros, con personajes destacados como Toussaint L’Ouverture. Éste fue apodado como el Napoleón Negro, y consiguió ocupar también la parte de la isla de Santo Domingo bajo control español, y liberar a los esclavos que allí había.

Esta novela de Alejo Carpentier se sitúa en la rebelión haitiana.

Precisamente, la situación volvería a encabritarse con los planes de Bonaparte para reinstaurar el poder colonial francés. El Gran Corso contemplaba reinstaurar la esclavitud, lo que propició una revuelta de los propietarios negros en 1802. Nuevamente se produjo una campaña donde ambos bandos recurrieron a las atrocidades, y también volvieron a intervenir los ingleses.

En esta ocasión, los franceses quedaron en una posición muy complicada. Parte de la población blanca, lealistas monárquicos, no quiso unirse al as fuerzas bonapartistas, el bloqueo naval británico y la decisión de Napoleón de centrarse en las guerras europeos hizo inviable la llegada de refuerzos.

Otro grabado de la rebelión de 1791. (Fuente: Wikimedia).

Las fuerzas francesas fueron derrotadas definitivamente en noviembre de 1803 en la batalla de Vertières. El líder haitiano ahora era Jean-Jacques Dessalines (L’Ouverture había sido capturado y llevado a Francia donde murió en 1803), proclamó la independencia, lo que dio lugar a una serie de matanzas contra la población blanca que quedaba.

De esta manera tan sangrienta, Haití se convirtió en el primer país de América Latina en conseguir la independencia, también fue el primer estado post-colonial gobernado por negros y la única nación que había conquistado su libertad a través de una rebelión de esclavos. Durante los primeros años del siglo XIX, hubo el temor que los franceses volvieran para recuperar su antigua colonia. Pero París aceptó reconocer la emancipación a cambio de que se recompensaran a los antiguos propietarios de las plantaciones, pero que dejó a las arcas del país en bancarrota.

El país no recuperó su potencia económica de antes de las revueltas. Para muchos, que hoy en día, Haití sigue pagando su osadía de ser los primeros en rebelarse contra el poder blanco, y por eso nunca han podido levantar cabeza. En cualquier caso, fue un evento que abrió las puertas a que Gran Bretaña aboliera el comercio de esclavos en 1807 (aunque aún habría esclavitud en sus colonias hasta 1834).

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