Contextualizando el Agreekment: cuatro tratados desiguales

Esta semana me he venido arriba, y os traigo un nuevo post. Aprovechando todo el revuelo que tenemos sobre Grecia y las condiciones draconianas que le ha impuesto la Unión Europea (el Agreekment) me he decidido por repasar otros tres tratados que a lo largo de la historia han sido percibidos como injustos, y como una imposición férrea por parte de la parte más fuerte.

La batalla de Zama supuso la derrota de Cartago en la Segunda Guerra Púnica. (Fuente: Wikimedia).

1. La paz entre Cartago y Roma tras la Segunda Guerra Púnica: los romanos habían vencido tras la batalla de Zama y las campañas de Escipión en Hispania. El Senado de la Ciudad Eterna impuso una fuerte indemnización de 10.000 talentos anuales durante 50 años (unas 250 toneladas de plata al año), la flota de guerra quedaba reducida a 10 naves y no podían reclutar un ejército sin el permiso de los vencedores.

Además, los cartagineses perdían todas sus colonias en Hispania y las Islas Baleares. Las disputas territoriales con Numidia tenían que resolverlas con la intermediación del Senado romano, que siempre fallaba a favor de los primeros. En definitiva, Cartago pasaba a ser un estado cliente de Roma.

Con todo, los halcones romanos no quedaron satisfechos ya que creían que Cartago podía resucitar y ser una amenaza. Ahí destaca Catón el Viejo que siempre acababa sus discursos con el famoso Delenda est Carthago. Al final le harían caso, y la ciudad norteafricana sería completamente destruida en la Tercera Guerra Púnica.

Curiosamente, el domingo 12 de julio cuando las negociaciones pasaban por su momento más tenso, el editor de Financial Times, Lionel Barber, comparó las propuestas que se le hacían a Grecia con una paz cartaginesa, un término recurrente en el mundo anglosajón.

“China, el pastel de reyes y emperadores”. (Fuente: Wikimedia).

2. Los tratados desiguales con China: el nacionalismo chino acuñó este término a principios del siglo XX, para hacer referencia a todos los acuerdos que las potencias occidentales (y luego se sumarían los nipones) habían impuesto al Reino del Centro desde el final de la Primera Guerra del Opio en 1842, y el último que se produjo fueron las Veintiuna Exigencias de Japón. Suponían que los puertos se abrían al comercio, y que los ciudadanos extranjeros no estaban sometidos a la legislación china (extraterritorialidad), o entregar territorios a los países extranjeros, como por ejemplo Hong Kong.

No sería hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando China consiguió derogar estos tratados, que crearon una profunda sensación de humillación en el país. A mediados del siglo XIX, también se impusieron a Japón para hacer que se abriera al comercio con potencias como Estados Unidos (con la famosa “visita” del comodoro Perry) y Gran Bretaña; aunque con la Restauración Meiji, el país supo modernizarse y evitó un destino similar al de sus vecinos asiáticos.

Manifestación contra el Tratado de Versalles frente al Reichtag. (Fuente: Wikimedia).

3. El Tratado de Versalles: no soy yo, el propio ex ministro Varoufakis hizo la comparación en su blog con este acuerdo que dibujaba el panorama tras la Primera Guerra Mundial. Imponía a Alemania la responsabilidad por el estallido de este conflicto, se establecía su desarme y unas indemnizaciones muy elevadas (hoy en día equivaldrían a 442.000 millones de dólares).

El economista John Maynard Keynes dijo que sería una paz contraproducente. En su libro Las consecuencias económicas de la paz dijo sobre Versalles:

«La política de reducir a Alemania a la servidumbre […] sería odiosa y detestable, aunque fuera posible, aunque nos enriqueciera a nosotros, aunque no sembrara la decadencia de toda la vida civilizada de Europa. Algunos la predican en nombre de la justicia. […] Las naciones no están autorizadas por la religión ni por la moral natural a castigar en los hijos de sus enemigos los crímenes de sus padres o de sus jefes.»

La propia Ángela Merkel ha dicho que no es amiga de establecer paralelismos, y hay debate sobre si puede compararse la situación actual con la de 1919. Evidentemente, no es un panorama equiparable al del final de la Gran Guerra por muchos motivos, pero debemos tomar buena nota de no humillar a una nación.

Conferencia de Yalta. (Fuente: Wikimedia).

4. El Plan Morgenthau: acabo el post con un plan que no fue. En 1944 el Secretario del Tesoro Henry Morgenthau diseñó un proyecto para Alemania, una vez que se hubiera derrotado a los nazis. El objetivo era desindustrializar al país una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, basar su economía en la agricultura y la ganadería, e incluso dividirlo en dos entidades (Norte y Sur) y hacer importantes concesiones territoriales a sus vecinos.

Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill discutieron el plan en una cumbre en Quebec. Estaban de acuerdo en su aplicación, salvo por la partición del territorio. Pero también comenzó a crecer la oposición al Plan Morgenthau porque podría ser demasiado duro con la población, y había dudas de si se acababa con el potencial industrial alemán, no se acabaría lastrando también la recuperación del resto de Europa.

Comenzó a aplicarse aunque en una versión más ligera en los primeros años de la ocupación militar de Alemania. Pero en la segunda mitad de los años 40 se fue descartando paulatinamente. Los Aliados vieron la importancia de promover la recuperación económica y para ello hacía falta la vuelta de la industria (también se evitaba que la URSS ganara un excesivo peso), luego también se vio que las ideas de Morgenthau eran incompat

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