Segunda Guerra Mundial

Monsun Gruppe, los U-boats de Hitler en el océano Índico

Esta semana los amigos de HistoCast nos han deleitado con un excelente programa sobre los submarinos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Como no podía ser de otra manera, la batalla en el Atlántico y los ataques a los convoyes británicos y estadounidenses. Al final del podcast se hace una breve mención al Monsun Gruppe, aquí es donde me voy a detener en el post de hoy.

Se trata del grupo de submarinos alemán que operó en aguas del océano Índico atacando el tráfico de materias primas, vitales para el esfuerzo de guerra británico. Desde hace un tiempo, intento indagar en los aspectos menos conocidos de este conflicto, y las operaciones en los escenarios más rocambolescos me llaman poderosamente la atención, como diría aquél.

Submarino U-848, uno de los que formaron parte del Monsun Gruppe. (Fuente: Wikimedia)

Bien, poniéndome la gorra de capitán de U-boat, vuelvo al tema del Monsun Gruppe.  La guerra submarina se había librado especialmente en el Atlántico (principalmente en el norte, pero cuando podían los alemanes enviaban sus sumergibles a aguas meridionales).

Berlín siempre había contemplado la posibilidad de incrementar las hostilidades en aguas del Índico para atacar el tráfico británico con materiales estratégicos provenientes de las colonias. Al comienzo de la guerra, en 1939, algunos acorazados de bolsillo operaron allí, como fue el caso del célebre Almirante Graf Spee (el de la peli La Batalla del Río de la Plata), donde envió a pique a 9 buques británicos. Otro navío corsario germano que navegó por esas aguas fue el Almirante Scheer, el más exitoso de su tipo ya que hundió más de 113.000 toneladas.

Pero los primeros submarinos del Eje que operaron en aguas del Índico fueron los japoneses en 1942. Tras ocupar el sudeste asiático, las fuerzas del Imperio del Sol Naciente desplazaron a sus sumergibles a esas aguas. Su doctrina de ataque no era tan eficaz como la alemana –los nipones contemplaban a estas naves como efectivos de apoyo a las grandes formaciones de superficie, y no como “manadas de lobos”-. Aún y así, lograron poner en algún aprieto a las fuerzas navales británicas en India y Sri Lanka.

Mapa de la zona de la base de Penang

A finales de 1942, los japoneses propusieron a los alemanes desarrollar operaciones conjuntas en el Índico. La Kriegsmarine fue extendiendo poco a poco el radio de su acciones, y comenzó con una flotilla que operó en aguas frente a Ciudad del Cabo. También se involucró a la marina italiana, que con sus submarinos de gran tamaño transportaban los suministros necesarios hacia las futuras bases.

El centro de estas operaciones sería la base naval de Penang en Malasia. También se crearon instalaciones de apoyo en Singapur, Yakarta y En mayo de 1943 llegó el primer submarino alemán, el  U-511, seguido del U-138.

Con la base instalada en Penang, los alemanes enviaron una primera oleada de 11 submarinos. Pero sólo 4 llegaron a su destino, el resto fueron hundidos por los aliados, salvo uno de ellos (el U-516) que tuvo que regresar a Francia. Una tercera flotilla de cinco naves también resultó en fracaso, y un solo sumergible pudo llegar a su refugio malayo.

El U-511 una vez “rebautizado” por la Marina Imperial Japonesa en 1945 (Fuente: Wikimedia)

Curiosamente, mientras se desarrollaban las operaciones en el océano Índico, había un temor a “fuego amigo” entre nipones y alemanes. Para evitarlo, las potencias del Eje acordaron que no se produjeran ataques entre sumergibles en aquellas aguas.

En total, los alemanes enviaron 41 U-boats. Muy pocos pudieron llegar a la zona, alrededor de una docena en el momento álgido de las operaciones. Pese a que consiguieron ciertos éxitos, la situación se volvió muy similar a la que se vivía en el Atlántico con los barcos aliados imponiéndose, y cazando a los sumergibles de la Kriegsmarine.

Aún así, se pueden encontrar algunos datos curiosos, como el del U-852, el único submarino nazi que operó en aguas del Pacífico y consiguió hundir dos barcos aliados mientras operaba cerca de Yakarta. Cuando Alemania se rindió en mayo de 1945, pasó a servir en la Marina Imperial Japonesa con la designación de I-502.

El U-505 un submarino del mismo tipo que el U-852 (Fuente: Jeremy A y Wikimedia)

En 1944, los alemanes intentaron evacuar sus U-boats de aquellas aguas. Sólo dos de ellos consiguieron llegar a Europa, cargando importantes materiales. El 23 de febrero de 1945, el U-510 hundió el último barco aliado víctima de los submarinos de Hitler en el Índico. Como el U-852, algunos otros pasaron a manos niponas.

Para ir acabando, la colaboración submarina entre las potencias del Eje tuvo otros campos de actuación. Por ejemplo, los japoneses enviaron submarinos a Europa para llevar importantes materias primas, y a cambio obtener equipamiento y tecnología armamentística. Destacan los sumergibles I-30 e I-8.

Desde luego, la eficacia de estos submarinos no pudo compararse con las de sus compañeros en los momentos álgidos de la batalla del Atlántico, cuando fueron el terror de los convoyes. Pero las hazañas de los capitanes de los U-boats que llegaron a aguas malayas ha contribuido a aumentar la leyenda de estos sumergibles, al llevar la guerra a aguas lejanas y que dieron a este conflicto un indiscutible carácter global.

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Periódicos sobre el final de la Segunda Guerra Mundial y los juicios de Nuremberg

Diarios de la SGM

Rompo el descanso dominical para mostraros un obsequio que me hicieron ayer. Mi viejo amigo Víctor me cedió estos diarios que habían sido propiedad de su padre. Como podréis ver, se trata de un ejemplar de La Vanguardia que da en portada la noticia del suicidio de Adolf Hitler (2 de mayo de 1945). Los otros dos son ejemplares de La Prensa, uno de ellos del 15 de agosto de 1945 con el emperador Hirohito anunciado la rendición de Japón; el otro sobre las primeras ejecuciones en los juicio de Nuremberg y el suicidio de Herman Goëring. ¡Es un honor poder tenerlos! ¡Gracias!

 

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Khalkhin Gol, ¿el conflicto olvidado que decidió la Segunda Guerra Mundial?

Hace poco leía en The Diplomat un artículo que recordaba la guerra fronteriza entre la Unión Soviética y Japón a finales del verano de 1939. Aquellos combates fueron conocidos como las batallas de Khalkhin Gol para los soviéticos, y el incidente de Nomonhan para los japoneses. Se trata de uno de esos conflictos que han quedado olvidados en la Historia, ensombrecido por la magnitud de la Segunda Guerra Mundial que se desencadenó inmediatamente después.

Fuerzas soviéticas avanzando en Khalkhin Gol

Pero aquellos choques armados olvidados en la frontera entre Manchuria y Mongolia tuvieron luego una influencia decisiva en uno de los momentos más decisivos de la contienda mundial durante diciembre de 1941: la batalla de Moscú y el ataque  a Pearl Harbor.

Siempre nos han dicho que la Segunda Guerra Mundial comenzó el 3 de septiembre de 1939, cuando Francia y Gran Bretaña declaraban las hostilidades contra Alemania, que 48 horas antes había invadido Polonia.

Pero en Asia hacía dos años que se luchaba: los japoneses habían invadido China en 1937. El intervencionismo nipón en el Reino del Centro se remontaba a principios de la década de los 30 y habían establecido el estado independiente de Manchuria.

Tropas japnesas en la frontera de Mongolia

Las fronteras de este territorio con Mongolia no estaban bien definidas (que además era un estado títere de la URSS). Los incidentes fronterizos entre tropas niponas y soviéticas no tardaron en producirse, pero siempre se trataron de breves escaramuzas. El punto clave de las disputas era el río Kalkhin y la población de Nomonhan.

Pero estos continuos choques fueron escalando. El 17 mayo de 1939 fuerzas soviéticas y mongolas emboscaron una incursión armada nipona y ocasionaron cerca 100 muertos y decenas de heridos. Las tropas japonesas en Manchukuo se agrupaban en el Ejército de Kwantung, la unidad más prestigiosa al servicio del Trono del Crisantemo y que actuaba con cierta autonomía.

Los choques armados fueron in crescendo a lo largo del verano. Los japoneses llegaron a movilizar a 75.000 soldados, 135 tanques y unos 250 aviones; mientras que los soviéticos desplegaron 57.000 soldados, 500 tanques y 800 aviones. Josef Stalin pudo movilizar estas fuerzas una vez estuvo seguro que Alemania no le atacaría gracias al pacto Von Ribbentrop-Molotov. Aunque la mejor baza de la URSS era el comandante de sus fuerzas, el célebre Georgy Zhukov (futuro artífice de la victoria contra la Alemania nazi).

El mariscal Zhukov

El 20 de agosto de 1939, las tropas soviéticas derrotaron estrepitosamente a los japoneses, gracias a su combinación de poderosas barreras de artillería, ataques de bombardeos y tácticas de flanqueo con las fuerzas acorazadas (la base de las tácticas que luego veríamos en las grandes ofensivas de la URSS en el frente del Este).

El ejército de Kwantung perdió a más de 15.000 hombres entre muertos y heridos, y desistió en mantener el clima bélico con la URSS. El 15 de septiembre se firmó el final de las hostilidades, y Stalin pudo concentrarse en ocupar su parte de Polonia.

Pero aunque esta guerra haya quedado olvidada hoy en día, iba a tener una gran influencia en el conflicto que acababa de empezar. Tenemos que ir a 1941. Alemania desencadenó la invasión de la URSS, y las fuerzas nazis estaban arrollando al Ejército Rojo. Stalin temía un ataque japonés en Oriente lo que hubiese sido un golpe mortal.

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Tanque soviético cruzando el río Khalkhin Gol

Por su parte, Japón preparaba su gran ofensiva en Asia. En el régimen militarista de Tokyo había dos corrientes de opinión. Por un lado, estaban los que apostaban por atacar el Sudeste Asiático, y hacerse con unos recursos naturales indispensables para mantener el esfuerzo bélico. Además querían lanzar un golpe definitivo contra Estados Unidos. Esta opción estaba defendida principalmente por los mandos de la Marina Imperial, y una parte del ejército que aún recordaba la dura derrota en Nomonhan y el potencial que había demostrado el Ejército Rojo.

Mientras que por el otro lado, había un grupo que quería vengar los acontecimientos de 1939, y apostaban por atacar a la URSS. Consideraban que era una buena ocasión ahora que las fuerzas soviéticas estaban siendo barridas por la blitzkrieg germana. Además, era el plan que deseaban los nazis para poder dar el golpe de gracia al régimen comunista.

Finalmente, Japón optó por lanzar su guerra relámpago sobre el Sudeste de Asia y atacar la base de Pearl Harbor con la esperanza de golpear duramente a la US Navy. El ataque sobre la URSS quedaba descartado. Stalin descubrió estos planes el 14 de septiembre de 1941 gracias a su espía Richard Sorge. No le había hecho caso cuando le anunció la fecha del ataque alemán, pero la segunda vez no iba a caer.

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El acorazado USS Arizona, herido de muerte en el ataque a Pear Harbor

La noticia permitió a Stalin traer a las divisiones del distrito militar Transiberiano. Muchos soldados eran veteranos de las operaciones contra los japoneses en 1939. Estas fuerzas fueron decisivas para organizar la defensa de Moscú en diciembre de 1941, y el consiguiente contraataque que alejó el peligro alemán de ocupar la capital soviética.

Como indica el artículo, aquellas batallas olvidadas del verano de 1939 hicieron que los japoneses no se atrevieran a lanzar la ofensiva contra la URSS en 1941. De haber ganado en Nomonhan, las fuerzas niponas habrían atacado a un Ejército Rojo que no hubiese podido aguantar una guerra en dos frentes.

Si me permitís avanzar en la ucronía, Japón hubiese atacado a EEUU un año más tarde. La entrada en guerra de los estadounidenses tendría unas perspectivas más complejas, ya que Alemania podría centrarse en la defensa de Europa sin tener que lidiar con el desgastador esfuerzo que supuso el Frente del Este.

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La nueva serie de Spielberg y Tom Hanks: la 8ª Fuerza Aérea USA contra el Tercer Reich

Hacía un mes que quería escribir esto pero con los cambios laborales en mi vida se me ha hecho difícil alimentar a los dos blogs y como véis me he centrado en la serie sobre las franquicias de Al-Qaeda. Bien, quiero hablar de la serie que se anunció el pasado mes de enero, el nuevo proyecto conjunto de Spielberg y Tom Hanks sobre la Segunda Guerra Mundial: una serie basada en la 8ª Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Esta unidad fue la punta de lanza de la Fuerza Aérea estadounidense (en adelante la USAF) en los bombardeos estratégicos sobre Alemania, que fueron una pieza clave para doblegar el esfuerzo bélico del Tercer Reich. Se creó en 1944 con el nombre VIII Bomber Command; aunque se ha quedado el de 8ª Fuerza Aérea como el más popular, y aparentemente el que le gusta utilizar a sus veteranos.

Un B-17 Flying Fortress

Fueron de las primeras unidades estadounidenses en llegar a Gran Bretaña para preparar el ataque contra el Eje (Febrero 1942). Operaban los grandes bombarderos B-17 y B-24. Sus primeros objetivos fueron las bases de submarinos alemanes en la costa francesa ya que aún no contaban con infraestructura logística para golpear el corazón de Alemania. En general, en estos primeros compases de su intervención, los raids aéreos se realizaron sobre territorio galo.

En 1943 intensificaron su actividad con ataques nocturnos y operando contra objetivos en Holanda, Bélgica y la propia Alemania. También extendieron sus ataques a la capacidad nazi de producir cazas. Desde el verano de ese año, debutó otro modelo de bombardeo, el B-26, que demostró una gran efectividad en las operaciones a media altura.

B-24 Liberator

Pese a que en un principio fueron muy cuestionados (algunas misiones a baja altura como un ataque en Ijmuden fue un verdadero desastre, sólo se salvó un aparato). Pero poco a poco la planificación ayudó a mejorar la eficacia de los B-26. Cuando volaban en formación, solían ser bastante eficaces defendiéndose de los cazas de la Luftwaffe, pero eran bastante vulnerables a los temidos antiaéreos de 88mm.

En febrero de 1944 y con la Invasión de Europa en su tramo final para el Desembarco de Normandía, la USAF reorganizó sus fuerzas y se formó la 8ª Fuerza Aérea. Entre el 20 y el 25 de febrero bombarderos británicos y estadounidenses lanzaron una serie de intensos ataques contra la infraestructura de la Luftwaffe para conseguir la superioridad aérea de cara al Día-D. Estas acciones se conocieron como la Big Week. En esta operación debuto el P-51, el Cadillac del cielo.

En marzo, la 8ª Fuerza Aérea lanzó una serie de ataques masivos sobre Berlín con 700-800 aparatos en algunos casos. Los británicos habían atacado la capital del Reich desde 1940, pero nunca con esa intensiad. En una semana, la USAF lanzó casi 5.000 toneladas de bombas sobre la ciudad.

B-17 en una misión sobre Europa

A medida que se acercaba el Día-D, las operaciones se centraron en la zona del Canal, especialmente en el ataque a infraestructuras de transporte. En la jornada del desembarco, los aparatos de la 8ª Fuerza Aérea volaron 2.300 salidas para atacar las defensas de la costa y a las tropas alemanas. Con la invasión en marcha, los bombarderos estadounidenses se centraron en los ataques en Alemania, y en especial en eliminar la capacidad ofensiva de la aviación alemana.

En marzo de 1945, la 8ª Fuerza Aérea fue atacada por los primeros aviones a reacción, los célebres Me-262. Pese a su fama, los jets nazis no fueron decisivos, aparecieron demasiado tarde para tener algún peso en el conflicto. Otro desafío para los aviones estadounidenses fue el ataque del Sonderkommando Elbe, una unidad especial nazi que debía envestir a los bombarderos. Ya sé que suena a kamikazes, pero los pilotos alemanes se eyectaban antes del impacto. Pese a la espectacularidad de la medida, no sirvió para acabar con la abrumadora superioridad aérea aliada.

La última misión de la 8ª Fuerza Aérea fue a finales de abril de 1945 contra fábricas de armamento y contra uno de los refugios de Hitler en Berchtesgaden. Con la derrota del Reich se planeó su traslado al frente del Pacífico donde debía apoyar la invasión de Japón. Fue reequipaba con los superbombarderos B-29 (como los que lanzaron las bombas atómicas). Pero no llegaron a entrar en combate. Como ya sabemos todos, la guerra acabó con Hiroshima y Nagasaki y la rendición del Imperio del Sol Naciente.

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Rommel, el ocaso de un mito

Cuando se toca un mito histórico, hay garantía de polémica. Me refiero a la noticia de esta semana la emisión de un documental en Alemania sobre el mariscal Erwin Rommel que cuestiona su aura de gran guerrero y hombre íntegro. Lo presenta como un fiel seguidor de Adolf Hitler, y entusiasta afiliado del partido nazi. La familia ya ha puesto el grito en el cielo, y en Alemania se ha generado el debate ante una de las pocas figuras de la Segunda Guerra Mundial a la que podían mirar sin avergonzarse.

Rommel, fue apodado el Zorro del Desierto, demostró su habilidad operacional cuando superó con la 7ª División panzer la Línea Maginot y fue la primera unidad alemana que alcanzó el Canal de la Mancha. Luego llegaron sus grandes triunfos en el Norte de África, incluso algunos han alabado su actuación en El Alemein por evitar una debacle total frente a las superiores fuerzas británicas (Montgomery se atribuyó la victoria).

Rommel y sus oficiales durante la campaña de Francia en 1940

El mariscal siempre se mostró interesado por el tipo de guerra más móvil. Incluso en las estáticas trincheras de la Primera Guerra Mundial se fogueó como un joven oficial de la infantería de asalto del ejército del káiser. Luego implementó este interés por la maniobrabilidad dentro de la doctrina Blitzkrieg. Su mito fue forjado por sus enemigos británicos, que querían ver a alguien honorable al frente del Afrika Korps que tantas humillaciones les estaba causando en los desiertos de Libia y Egipto.

Además de su habilidad militar, el Zorro del Desierto se hizo célebre por respetar a los prisioneros aliados, a la población civil y no permitió la ejecución sumaria de soldados judíos. Todo culminó cuando su nombre surgió de la boca de varios conspiradores de la operación Valquiria. Rommel habría sido una de las figuras claves del gobierno que habría surgido tras la muerte Hitler, aunque no tomó parte directa de la conspiración. El propio Churchill lo presentó como una figura que se opusó al Führer, cuando le obligaron a suicidarse.

Rommel durante la campaña en el Norte de África

Centrándonos en el documental revisionista, Rommel habría sido un arribista. Se habría unido al partido nazi y se habría convertido en un leal seguidor de Hitler. Así se aseguraba lograr los ascensos en la carrera militar. De otro modo le habría resultado difícil progresar en el escalafón militar dominado por las rancias familias de la aristocracia prusiana. Recordemos que la imagen del mariscal fue utilizada por la propaganda nazi para mostrar un modelo de militar nuevo en el Tercer Reich. Además, no le habrían importado mucho la vida de sus soldados.

La audiencia en Alemania fue de unos 6,3 millones de personas. El personaje sigue teniendo un fuerte tirón, casi 70 años después de su muerte en 1944. Pero no es la primera vez que se cuestiona su figura. En 2005, Der Spiegel publicó que Rommel habría aceptado la formación de una unidad especial de las SS para llevar el Holocausto hasta Palestina. Tras la victoria en Tobruk, parecía posible que los alemanes llegarán hasta Suez y desde allí lanzarse sobre Oriente Medio. Incluso Rommel se mostraba convencido que contarían con la simpatía de los árabes en su avance. La derrota en El Alemein habría evitado la extensión de la Solución Final.

Voluntarios árabes del Afrika Korps

Otras indicaciones de su posible filia con el nazismo, se puede encontrar en su obra La infantería al ataque, según algunas reseñas, Rommel utiliza expresiones para resaltar la superioridad de los soldados alemanes cercanas a esta ideología.

El tema es incómodo en Alemania, como todo lo que rodea al nazismo. Como he dicho, el Zorro es de lo poco que no podían avergonzarse. Las poblaciones del país tienen 22 calles con el nombre de Rommel, y dos cuarteles del ejército actual también tienen esta designación. Ahora, su héroe pasa de ser un antinazi a un alemán más de la época. Uno de aquellos miles de alemanes que aceptaron seguir a Hitler pensando que podían obtener algo mejor, que cerraron los ojos o miraron hacia otro lado ante los crímenes nazis. Que no fueron lo suficiente clarividentes o valientes para oponerse a aquello que se gestaba en Alemania.
Rommel no es el primer mito ni el último que caerá. Pero que fuera un nazi más no debe hacernos dar la espalda a la figura o a sus correrías por el norte de África. Releer al personaje y su tiempo siempre nos ayudará a seguir profundizando en nuestro pasado. Lo mismo se puede aplicar a Alejandro Magno, Genghis Khan o Napoleón Bonaparte.

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Recordando el viaje a Normandía: tras la pista de los paracaidistas

Este verano se ha conmemorado el 70º Aniversario de la creación de la 101ª División Aerotransportada de Estados Unidos. Una de las unidades con más solera en la historia bélica de ese país, para los aficionados a las series, es donde se encuadra la Easy Company de Hermanos de Sangre, o la unidad a la que pertenecía el soldado Ryan. Esta efeméride y que esta semana se conmemora que hace un año visité Normandía, aprovecho para recapitular lo que se puede ver por aquellas tierras relacionados con estos aguerridos paracaidistas.

Normandía fue el escenario de una de las operaciones aerotransportadas más grandes de la Historia (junto a Market Garden). Los paracaidistas aliados se la jugaron en una operación muy arriesgada para controlar puntos claves en los accesos y defensas de las playas. Hoy en día, está región está llena de referencias al Día D, como ya expliqué en otro post, y es una obligada para los amantes de la Historia (y en especial de la bélica).

Sin duda, el punto referente para este recorrido de paracaidistas es el Dead Man’s Corner, entre Saint Come du Mont y Carentan. Aquí la 101ª mantuvo un duro combate con los Fallschirmjager (paracaidistas alemanes). El lugar es clave porque era la ruta de llegada de los tanques ligeros Stuart desde Utah Beach. El siniestro nombre viene porque allí quedo el cadáver de un tanquista durante días, y los soldados denominaron este lugar como la esquina del hombre muerto.

Museo de Dead Man’s Corner

Hoy en día, en ese punto se encuentra el museo dedicado a los paracaidistas (y una enorme tienda que hará las delicias de los amantes de las réplicas de material de la Segunda Guerra Mundial). En la exposición encontramos abundante material de americanos y alemanes, de una calidad excelente, dispuestos para aparecer en un capítulo de Hermanos de Sangre o Salvar al Soldado Ryan.

Como suele ser habitual en la región, el museo es de titularidad privada, gestionado por la el Centro Histórico de Paracaidistas del Día-D que pretenden mantener el recuerdo de la batalla más importante que libraron los paracaidistas en la Operación Overlord.

Evidentemente, si hablamos de paracaidistas en Normandía, no podemos olvidar el célebre caso del soldado que se quedó colgado del campanario de St. Mere Eglise. Un muñeco muestra hoy en día esta célebre anécdota de John Steele. También hay un museo dedicado a estos soldados. Es algo más completo que los anteriores. En él se pueden ver excelentes representaciones de un planeador y un avión de transporte Dakota preparado para operar sobre Normandía.

Campanario de St. Mere Eglise

Para los anglófilos, el Memorial del Puente Pegaso. Un punto estratégico donde los “Boinas Rojas” ocuparon este punto clave que fue vital para contener los contraataques alemanes, y ganar así un tiempo precioso para completar el desembarco en el sector de playas de la Commonwealth.

En el museo, la flema británica está pendiente, así como su tradición para relatar sus hazañas bélicas. Destaca el tramo original del Puente Pegaso que se conserva, y una réplica de planeador.

Musée Airborne en St. Mere Eglise

También es interesante la visita a la batería de Merville, que fue tomada por los paracaidistas británicos. El plan original hablaba de un asalto con 750 efectivos, pero la dispersión y el caos de las primeras horas, hizo que el ataque comenzara con sólo 150 hombres, contra una guarnición alemana similar en número y bien atrincherada.

La visita ofrece la recreación del asalto sobre uno de los búnkers alemanes. Una experiencia sensorial sobre como fue la toma de la posición, se puede ver cada media hora, y es una manera interesante de sumergirse en la situación. Aunque no se recomienda a personas fácilmente impresionables, con problemas cardíacos, o niños menores de 8 años, ya que con el humo y el ruido de armas, parece que los Paras realmente vienen a por ti.

El Puente Pegaso (original)

Ahora repasando los horarios veo que han mejorado respecto hace un año, y la mayoría abren ininterrumpidamente desde las 9 de la mañana a las seis de la tarde (cuando estuve, cerraban hacia la 1 del mediodía) o de 10:00 a 17:00. Bueno, hasta aquí mi recuerdo/recomendación de lo que fue el gran viaje a Normandía. Además de esta manera inauguró una serie de posts destinados a mostrar como conocer mejor la Historia a través de los viajes, espero que los disfrutéis.

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¡Hundan al Tirpitz!: El ocaso de los acorazados en la Segunda Guerra Mundial

Sumo otro post más de historia naval, aunque la intención del blog no es centrarme exclusivamente en este aspecto, pero me viene de gusto hablar del tema. Salvo para los conocedores en profundidad del período, el Tirpitz está a la sombra de los otros “acorazados estrellas” de la Segunda Guerra Mundial como su hermano gemelo el Bismarck, el Prince of Wales británico o el Yamato japonés. Pese a que las historias de los tres rezuma romanticismo, también demuestran que su época había llegado a su fin. La eclosión de la aviación cambió la guerra en el mar para siempre, y los grandes navíos pasaron de ser el orgullo de sus respectivos países a convertirse en gigantones vulnerables a los ataques desde el cielo.

Como he dicho, me quiero centrar en el caso del Tirpitz, me apetece por ser el menos conocido. Fue un barco muy duro de roer para los aliados, y en especial para la marina británica que tuvo que emplearse a fondo. Era de la misma clase que el Bismarck, el célebre acorazado alemán hundido en 1941.

Su debut operacional fue en el Báltico en 1941. Allí fue el buque insignia del escuadrón encargado de bloquear a la flota soviéitca en Leningrado. Luego sirvió en Noruega, donde operó contra los convoyes aliados que navegaban por el Ártico para llevar ayuda a la URSS, también debía evitar un posible desembarco aliado (los nazis temían que la invasión aliada de Europa llegara por ahí).

El Tirpitz y su escolta

La verdad es que el acorazado tuvo poca acción directa contra barcos de guerra británicos, aunque su solo nombre infundía bastante respeto en la Royal Navy. Al fin y al cabo, era un navío más potente y más moderno que cualquiera de los que servían a Su Majestad, y tenían preparadas unidades para hacerle frente (confiaban en la superioridad numérica, tal y como habían hecho con el Bismarck). Los propios alemanes eran muy cautos con sus unidades de superficie tras el hundimiento del Bismarck y procuraban operar bajo cobertura aérea de la Luftwaffe, también tenían grandes problemas para el suministro de combustible de sus barcos en Noruega, por lo que limitaban sus movimientos.

Curiosamente, el ataque más exitoso que capitaneó el Tirpitz contra un convoy aliado -la Operación Rosselsprung-; el potente navío no disparó un solo tiro. Los Aliados mostraron sus miedos ante su presencia, y decidieron desperdigar sus barcos ante la presencia del poderoso acorazado, pero eso no evitó que la aviación y los submarinos alemanas consiguieran hundir 24 de los 35 mercantes del convoy PQ-17.

El casco del Tirpitz se dio la vuelta por el impacto de las bombas de los Lancaster

Los británicos llegaron a organizar 24 operaciones para intentar hundirlo. Destaca un audaz intento con minisubmarinos en septiembre de 1943 que dañó seriamente al navío. A partir de ahí, lo intentaron hundir mientras se completaban los trabajos de reparación, y se utilizaron ataques aéreos. Finalmente, el 12 de noviembre de 1944, 32 bombardeos Lancaster atacaron al Tirpitz en Tromsø. En 28 minutos las bombas Tallboy (especialmente diseñadas para penetrar en superficies y blindajes resistentes) penetraron en el casco del barco y lo enviaron a pique. La cifra exacta de muertos varía según la fuente, pero se sitúa entorno a los 1.000 marineros. El escuadrón 617 de la RAF fue el responsable del ataque, eran los célebres Dambusters, responsables de los ataques contra presas en el industrializado valle del Rhur.

 

Recientemente se ha publicado el libro Target Tirpitz: The Epic Quest to Destroy Hitler’s Mightiest Warship, su autor Patrick Bishop señala en una entrevista en History Today algunos aspectos interesantes sobre la importancia histórica de estos grandes barcos de guerra. Destaca que la importancia del Tirpitz fue mantenerse operativo durante mucho tiempo oculto en los fiordos noruegos, esto obligó a los británicos a mantener importantes fuerzas navales vigilándolo.

Para ir acabando, me gustaría destacar una ironía del destino. El nombre Tirpitz era por el almirante Alfred Von Tirpitz. Fue el hombre que convirtió a la Marina Imperial Alemana en una fuerza capaz de desafiar el poder de la Royal Navy a finales del siglo XIX y del XX. Desarrolló importantes unidades de superficies como acorazados. Pero también fue el primero en advertir que estos poderosos barcos veían cerca el final de sus días de gloria. Tras la batalla de Jutlandia en 1916 se mostró partidario de priorizar los submarinos a los que consideraba claves para la futura supremacía naval.

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Viaje a Normandía (1ª parte): llegada a Caen y museos mil

Elviaje comenzó con un madrugón importante (ha sido la tónicageneral en mis viajes este 2011). Facturación, control, embarque ypara París. Ahí la cosa parecía fastidiarse y nos tocó lidiar conla burrocracia de la empresa de alquiler de coches.
 
Peroal final asunto resuelto y nos pusimos on the road hasta Caen.Durante una parte importante del trayecto (a partir de Rouen) dejamosla autopista y nos metimos por carreteras secundarias -la D675-, paraconocer pueblecitos como Pont-Audemer y ver algunas muestras delpaisaje típico del bocage normando.
 
Esofue una de las constantes del viaje, los pueblos mantiene buena partede su apariencia de la época. Cosa que nos ayudó a ponernos ensituación y a frikear (especialmente en mi caso, Héctor manteníalas formas, casi siempre).
 
Unavez en Caen y tras comer en un fast food (cosas de los horarios delos restaurantes galos) nos dirigimos hacia el Memorial. Allícomenzamos nuestro contacto con la museología normanda.
Memorial de Caen

Enel viaje tuvimos una buena dosis de estos lugares: el Memorial, losde las playas, Dead Man’s Corner, Bayeux, Puente Pegaso,… Para elapasionado (o directamente freak de estas cosas) hay material desobra, y lo disfrutará. En cambio, el común de los mortales corre el riesgo elevadode una sobredosis de uniformes, en especial si te da igual o noreconoces las diferencias entre un ranger de EE.UU, un paracaidistade la 101, o un soldado de la Big Red One… Lo normal es que parezcatodo lo mismo. Así que para el que sea más casual recomendaríaalgo más comedido y limitarlo a 3 lugares: Museo Paracaidista de St.Mere Eglise, el de Utah, y Puente Pegaso (no solo son uniformes yaporta una información de mejor manera que otros).
 
Muestra de Museos (St. Mere Eglise, Dead Man’s Corner, Muro Atlántico)
 

 
Ademásde soldados también están los vehículos. El que más se repite esel Sherman (el típico tanque de EE.UU, y uno de los modelos másfabricados en la Segunda Guerra Mundial), aunque se pueden encontrar otras piezas como vehículos británicos o las lanchas de desembarco. Personalmente me quedo con los aviones y planeadores que están en los museos de paracaidistas de Saint Mere Eglise, el de Utah o Puente Pegaso. 
 
Un Sherman y yo
 
Aunqueya me extenderé en otro post. Mención aparte merecen las bateríasde costa alemanas y el Museo del Muro Atlántico, ahí sonrecomendables para el que quiera conocer mejor la vida cotidiana delas guarniciones alemanas y como se prepararon para la invasiónaliada.
 
Recapitulando, no es extraño llegar a una sensación de saturación en Normandía. Yo mismo que me considero un freak de estas cosas, en el último museo en Bayeux. Fue uno de los temas de debate en el viaje. ¿No sería mejor hacer sólo un centro con una buena explicación y museología moderna? ¿No tiene derecho cada población a tener su recuerdo de la batalla? Estoy de acuerdo en que cada lugar debe tener su espacio para la memoria, pero buscando una especificidad. Si no, el riesgo de cansar al turista no versado es altamente probable. Eso sí, en el resto disfrute como un enano.
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