Archivo mensual: agosto 2012

Neil Armstrong: el héroe de la Humanidad en el espacio

Este fin de semana ha fallecido Neil Armstrong, el primer hombre que puso el pié en la Luna, aquel 19 de julio de 1969. Una gesta admirable y por la que sin lugar a dudas se ha ganado un lugar en la Historia.

Admiro su figura como la de casi todos que participan y han participado en la carrera espacial (si queréis excepción está Von Braun, por si hay algún despistado). Aunque soy fan del programa espacial ruso, Armstrong siempre me ha despertado simpatías por como ha llevado el peso de la fama.

Panorámica de la Luna tomada por el propio Armstrong. Fuente: NASA

Lejos de querer ser una estrella mediática y pese a haber conseguido una hazaña histórica, su vida tras pisar la Luna estuvo marcada por la discreción y el querer huir del patrioterismo fácil. Además tenía un toque místico, para algunos un ermitaño, por querer estar lejos de los micros. Armstrong era un enamorado de la aeronáutica y de volar, un sueño que tenía desde niño. De hecho, tiene una cita célebre donde explica que le emocionó más el aterrizaje del módulo Eagle sobre la superficie selenita; al fin y al cabo tuvo que dar lo mejor de su pericia como piloto para evitar un accidente. 

“The exciting part for me, as a pilot, was the landing on the moon. That was the time that we had achieved the national goal of putting Americans on the moon. The landing approach was, by far, the most difficult and challenging part of the flight. Walking on the lunar surface was very interesting, but it was something we looked on as reasonably safe and predictable. So the feeling of elation accompanied the landing rather than the walking”.

Recordemos que con la llegada a la Luna en 1969, Estados Unidos tomaba la delantera en la Carrera Espacial, y se cumplía la promesa de John Fitzerald Kennedy de poner a un hombre en nuestro satélite antes del final de la década de los 60. Es decir, Amstrong protagonizó una gran victoria estadounidense en la Guerra Fría, los éxitos del Sputnik y Yuri Gagarin escocían en el orgullo nacional del Tío Sam.

Estados Unidos aprovechó ese éxito para mostrar que habían recuperado la delantera en los terrenos tecnológico y científico. Fue un momento de júbilo nacional, después de unos años malos.. Recordemos que en 1969, el país se desangraba en una guerra en Vietnam y había vivido un clima de enfrentamiento interno por la lucha de Derechos Civiles de los afroamericanos. En esa década, los estadounidenses también vieron como uno de sus presidentes moría asesinado y la URSS cada vez era más agresiva militarmente instalando misiles en Cuba y derribando un avión espía U-2 sobre su territorio.

Con este panorama parecía encaminado a convertirse en un icono patriótico con toda la parafernalia de barras y estrella. Pero Amstrong siempre se distanció del papel de héroe americano. Cuando hablaba de la exploración espacial le gustaba hacerlo en nombre de la Humanidad, una manera de universalizar su gesta. También le gustaba recordar que el éxito del Apolo XI no era cuestión exclusiva de los astronautas, sino que fue el duro trabajo de miles de personas.

En la Luna recordó a los cosmonautas fallecidos Yuri Gagarin y Vladimir Komarov (muerto en el vuelo del Soyuz I en 1967), así como a sus compañeros estadounidenses del Apolo I -Gus Grissom, Edward White y Roger Chaffee que murieron en un incendio-.   

En una conferencia en 2009, Armstrong siempre defendió que la Humanidad fue la vencedora de la Carrera Espacial, y le gustaba destacar las posibilidades que tenía la exploración del cosmo con la colaboración tecnológica entre rusos y estadounideses. El protagonista del gran triunfo norteamericano sobre los soviéticos rechazaba el papel de héroe nacional y defendía que la Humanidad podría dar lo mejor en la exploración de las estrellas. 

Para acabar me gustaría aportar una cita de Armstrong sobre la exploración espacial, algo que explica por qué hay que ir hacía las estrellas.

 ”The important achievement of Apollo was demonstrating that humanity is not forever chained to this planet and our visions go rather further than that and our opportunities are unlimited”.

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¡Hundan al Tirpitz!: El ocaso de los acorazados en la Segunda Guerra Mundial

Sumo otro post más de historia naval, aunque la intención del blog no es centrarme exclusivamente en este aspecto, pero me viene de gusto hablar del tema. Salvo para los conocedores en profundidad del período, el Tirpitz está a la sombra de los otros “acorazados estrellas” de la Segunda Guerra Mundial como su hermano gemelo el Bismarck, el Prince of Wales británico o el Yamato japonés. Pese a que las historias de los tres rezuma romanticismo, también demuestran que su época había llegado a su fin. La eclosión de la aviación cambió la guerra en el mar para siempre, y los grandes navíos pasaron de ser el orgullo de sus respectivos países a convertirse en gigantones vulnerables a los ataques desde el cielo.

Como he dicho, me quiero centrar en el caso del Tirpitz, me apetece por ser el menos conocido. Fue un barco muy duro de roer para los aliados, y en especial para la marina británica que tuvo que emplearse a fondo. Era de la misma clase que el Bismarck, el célebre acorazado alemán hundido en 1941.

Su debut operacional fue en el Báltico en 1941. Allí fue el buque insignia del escuadrón encargado de bloquear a la flota soviéitca en Leningrado. Luego sirvió en Noruega, donde operó contra los convoyes aliados que navegaban por el Ártico para llevar ayuda a la URSS, también debía evitar un posible desembarco aliado (los nazis temían que la invasión aliada de Europa llegara por ahí).

El Tirpitz y su escolta

La verdad es que el acorazado tuvo poca acción directa contra barcos de guerra británicos, aunque su solo nombre infundía bastante respeto en la Royal Navy. Al fin y al cabo, era un navío más potente y más moderno que cualquiera de los que servían a Su Majestad, y tenían preparadas unidades para hacerle frente (confiaban en la superioridad numérica, tal y como habían hecho con el Bismarck). Los propios alemanes eran muy cautos con sus unidades de superficie tras el hundimiento del Bismarck y procuraban operar bajo cobertura aérea de la Luftwaffe, también tenían grandes problemas para el suministro de combustible de sus barcos en Noruega, por lo que limitaban sus movimientos.

Curiosamente, el ataque más exitoso que capitaneó el Tirpitz contra un convoy aliado -la Operación Rosselsprung-; el potente navío no disparó un solo tiro. Los Aliados mostraron sus miedos ante su presencia, y decidieron desperdigar sus barcos ante la presencia del poderoso acorazado, pero eso no evitó que la aviación y los submarinos alemanas consiguieran hundir 24 de los 35 mercantes del convoy PQ-17.

El casco del Tirpitz se dio la vuelta por el impacto de las bombas de los Lancaster

Los británicos llegaron a organizar 24 operaciones para intentar hundirlo. Destaca un audaz intento con minisubmarinos en septiembre de 1943 que dañó seriamente al navío. A partir de ahí, lo intentaron hundir mientras se completaban los trabajos de reparación, y se utilizaron ataques aéreos. Finalmente, el 12 de noviembre de 1944, 32 bombardeos Lancaster atacaron al Tirpitz en Tromsø. En 28 minutos las bombas Tallboy (especialmente diseñadas para penetrar en superficies y blindajes resistentes) penetraron en el casco del barco y lo enviaron a pique. La cifra exacta de muertos varía según la fuente, pero se sitúa entorno a los 1.000 marineros. El escuadrón 617 de la RAF fue el responsable del ataque, eran los célebres Dambusters, responsables de los ataques contra presas en el industrializado valle del Rhur.

 

Recientemente se ha publicado el libro Target Tirpitz: The Epic Quest to Destroy Hitler’s Mightiest Warship, su autor Patrick Bishop señala en una entrevista en History Today algunos aspectos interesantes sobre la importancia histórica de estos grandes barcos de guerra. Destaca que la importancia del Tirpitz fue mantenerse operativo durante mucho tiempo oculto en los fiordos noruegos, esto obligó a los británicos a mantener importantes fuerzas navales vigilándolo.

Para ir acabando, me gustaría destacar una ironía del destino. El nombre Tirpitz era por el almirante Alfred Von Tirpitz. Fue el hombre que convirtió a la Marina Imperial Alemana en una fuerza capaz de desafiar el poder de la Royal Navy a finales del siglo XIX y del XX. Desarrolló importantes unidades de superficies como acorazados. Pero también fue el primero en advertir que estos poderosos barcos veían cerca el final de sus días de gloria. Tras la batalla de Jutlandia en 1916 se mostró partidario de priorizar los submarinos a los que consideraba claves para la futura supremacía naval.

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